Uno de los pilares sobre los cuales debe asentarse la vida democrática y muy especialmente ha de regir la vida de la clase política, de nuestros políticos, es ser honestos y ser fieles a los valores democráticos que nuestra Constitución proclama. Aunque parezca una condición indispensable para poder estar en política, para algunos partidos no está tan claro, es el caso del Partido Popular, para ellos se puede parecer honesto sin serlo. Ellos, que en el pasado se erigieron en perseguidores incansables de los errores cometidos durante el gobierno de González y ganaron las elecciones erigiéndose como paradigma del político intachable, pero los casos de corrupción o de negligencia en el ejercicio de sus cargos, claros ejemplos son el triste y lamentable caso del avión Yacolev 42 o las intervenciones del entonces ministro Acebes tras los atentados del 11M, acaban aflorando.
Paradójicamente, entonces la actitud es otra, su líder y todo el partido en bloque se muestra huidizo y niegan la máxima cuando estos casos de corrupción afectan a los miembros de su partido.
Quedan para las hemerotecas y para su propia conciencia las manifestaciones de su “líder” Mariano Rajoy diciendo: “que a veces se cometen errores”, justificando así la actuación del entonces ministro Trillo, en el cúmulo de desaciertos incluso diría que se producen actuaciones que rozan el delito encaminadas a dar por finiquitado el accidente del avión militar donde fallecieron 62 militares españoles o el del ministro Acebes negando a día de hoy la evidencia, incluso poniendo en entredicho las investigaciones instruidas por la Audiencia Nacional a través de los medios de comunicación afines. Lo último la trama de corrupción “Caso Gürtel” que afecta a altos cargos de la Generalitat Valenciana, al mismísimo Camps, presidente de la Generalitat Valenciana y a miembros del gobierno de la Comunidad de Madrid, y cuya lista de implicados parece no tener fin.
La reacción de todos ellos relativizar los hechos en una actitud clara de encubrir la realidad, obstruyendo las investigaciones para impedir que los hechos salgan a la luz pública y acaben aflorando sus miserias, el cazador ha sido cazado.
Independientemente de lo que se resuelva en los tribunales de justicia, los políticos implicados en todos estos casos y tramas, como ejemplo de ética personal, de dignidad, de honor deberían abandonar la política, y el Partido Popular entonar el “mea culpa”, no deben olvidar que en el substrato de una buena democracia es requisito indispensable gozar de una intachable honestidad, y ellos, consciente o inconscientemente, la han perdido o la tienen en entredicho. Señores míos "La mujer del César no sólo debe ser honesta, sino además, parecerlo".
Paradójicamente, entonces la actitud es otra, su líder y todo el partido en bloque se muestra huidizo y niegan la máxima cuando estos casos de corrupción afectan a los miembros de su partido.
Quedan para las hemerotecas y para su propia conciencia las manifestaciones de su “líder” Mariano Rajoy diciendo: “que a veces se cometen errores”, justificando así la actuación del entonces ministro Trillo, en el cúmulo de desaciertos incluso diría que se producen actuaciones que rozan el delito encaminadas a dar por finiquitado el accidente del avión militar donde fallecieron 62 militares españoles o el del ministro Acebes negando a día de hoy la evidencia, incluso poniendo en entredicho las investigaciones instruidas por la Audiencia Nacional a través de los medios de comunicación afines. Lo último la trama de corrupción “Caso Gürtel” que afecta a altos cargos de la Generalitat Valenciana, al mismísimo Camps, presidente de la Generalitat Valenciana y a miembros del gobierno de la Comunidad de Madrid, y cuya lista de implicados parece no tener fin.
La reacción de todos ellos relativizar los hechos en una actitud clara de encubrir la realidad, obstruyendo las investigaciones para impedir que los hechos salgan a la luz pública y acaben aflorando sus miserias, el cazador ha sido cazado.
Independientemente de lo que se resuelva en los tribunales de justicia, los políticos implicados en todos estos casos y tramas, como ejemplo de ética personal, de dignidad, de honor deberían abandonar la política, y el Partido Popular entonar el “mea culpa”, no deben olvidar que en el substrato de una buena democracia es requisito indispensable gozar de una intachable honestidad, y ellos, consciente o inconscientemente, la han perdido o la tienen en entredicho. Señores míos "La mujer del César no sólo debe ser honesta, sino además, parecerlo".



